Últimamente estoy dando tumbos entre Sevilla y Marbella, y como en casa de Nu no hay ADSL y a estas alturas de la vida es caro comprar un módem de 56k, me conecto mediante una conexión HDSPA de las que están tan de moda.
Para ello me he comprado una tarjeta prepago de Simyo, que ya tuve un susto con los precios de las tarifas de datos de Vodafone cuando me dejé caer por Madrid el año pasado, así aunque algún día me pase de los límites, si se acaba el saldo se acaba el gasto.
Las conexiones HDSPA no son las más rápidas que tenemos, y ni mucho menos estables. Últimamente venden módems autónomos y tarifas “planas” mensuales, pero en el tiempo que llevo usándo esto esporádicamente, he visto que no son conexiones que puedas usar como principales.
Son relativamente inestables en cuánto a velocidad, lo mismo un día puedes navegar a un mega sin problemas, que al cabo de 30m te vas a los 200kbps. El ancho de banda de la red móvil es muy limitado, así que se prioriza siempre el tráfico de voz, que es para lo que usa casi todo el mundo el móvil.
Aunque este no es el mayor problema, ya que casi todo el rato consigues entre 1,5 y 2mbps (contando que la conexión la estoy haciendo por un interfaz bluetooth, que no es lo más ortodoxo), el problema es la latencia: de 500ms para arriba, y eso, es mucho.
La latencia es el tiempo que tarda un ordenador en responder a otro, puedes tener mucho ancho de banda que si tienes una latencia mala, navegarás a paso de tortuga. Cada vez que hagas una petición (para descargar el html, las imagenes, la css…) pasarán 500ms.
Una línea analógica tiene unos 250ms de latencia, un ADSL ronda los 50 – 80ms, y el cable unos 20 – 30ms.
Así que, no despreciemos las latencias, no solo de ancho de bajada vive el hombre, también tenemos que tener en cuenta los tiempos de respuesta ¡y el canal de subida!, que en estas conexiones, dicho sea de paso, es también bastante escaso.
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